El acuerdo marco de Kerry: EE.UU. planifica la “gazaficación” de Cisjordania

En los últimos días, diplomáticos estadounidenses y europeos han estado involucrados en unaactividad frenética en el frente israelí-palestino, antes de retirarse para su acostumbrada hibernación durante la quincena de Navidad.

Surge amenazadoramente un sentido de urgencia porque se supone que Washington presentará el próximo mes su así llamada “propuesta marco” para la creación de un Estado palestino, en un último desesperado esfuerzo por romper la obstrucción en las negociaciones. Por este motivo, los contornos de la visión estadounidense de un acuerdo están finalmente pasando a ser el centro de atención. Y, como muchos esperaban, la perspectiva es poco prometedora para los palestinos.

John Kerry, el secretario de Estado de EE.UU., quien ha invertido gran parte de su prestigio personal en un resultado exitoso, ha sido cada vez más franco en que un acuerdo depende de la satisfacción de las preocupaciones de seguridad de Israel, por exageradas que sean.

Durante un discurso en el Foro Saban en Washington este mes, Kerry dijo que la mayor prioridad del presidente Barack Obama es la “capacidad [de Israel] de defenderse, por sí solo”. Poco después, Kerry volvió a la región para mostrar a funcionarios israelíes y palestinos lo que quería decir.

Según se informa, Mahmoud Abas, el presidente palestino, se mostró “furioso” por la propuesta de EE.UU. En los últimos días, portavoces de la AP han acusado a Kerry de “apaciguamiento” y de no ser “un mediador neutral”.

La crítica parece más que justificada. Bajo la cobertura de una visión por la paz, el secretario de Estado está ofreciendo un plan de seguridad israelí a costas de un Estado palestino que tenga sentido.

Esto no es enteramente sorprendente en vista de que el plan fue elaborado por John Allen, un general que antes estuvo al mando de las fuerzas en Afganistán, quien ha pasado meses estableciendo contactos con homólogos israelíes.

El punto clave es el Valle del Jordán, un área que se esperaba que comprendiera casi un cuarto de un futuro Estado palestino. Allen ha satisfecho una demanda israelí de que se permita mantener una “presencia militar” en el Valle del Jordán, por lo menos por 10 años.

No solo esto pero, según un memorando enviado por Abbas a Obama, que el periódico Haaretz reveló esta semana, el plan de EE.UU. condicionaría un eventual retiro israelí a que los palestinos satisfagan una “prueba de implementación”. Abas cree legítimamente que esto daría a Israel un veto efectivo sobre irse algún día del Valle del Jordán.

Es un gran paso atrás del compromiso anterior de Washington, hecho en las conversaciones de Annapolis de 2007, que no se estacionarían soldados israelíes en Cisjordania después de un acuerdo. En su lugar, tropas de la OTAN, bajo comando de EE.UU., suministrarían garantías de seguridad.

La nueva propuesta sería un punto de quiebre del acuerdo. El valle es un recurso vital para los palestinos, del que las exageradas “necesidades de seguridad” de Israel los han despojado efectivamente durante décadas.

El Valle del Jordán ofrece la única área terrestre en Cisjordania que estaría potencialmente bajo control palestino. Es una de las pocas áreas no urbanizadas restantes, lo que lo convierte en un posible lugar para el posible retorno de cientos de miles de refugiados palestinos. Y sus tierras son fértiles y cálidas durante todo el año, haciendo que sean altamente productivas y un posible motor para la economía palestina.

Según el plan de Allen, la seguridad de Israel también requiere que las fuerzas de seguridad palestinas tengan solo armamento ligero, que Israel tenga el control del espacio aéreo y de todas las fronteras, y que EE.UU. instale tecnología de espionaje –llamada eufemísticamente “sistemas de alerta temprana”– en toda Cisjordania.

En otras palabras, la visión estadounidense de un Estado palestino se parece notablemente al modelo que Israel ya ha implementado en Gaza.

Basta con oír las palabras del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, de hace una década para comprender su papel en este nuevo plan.

En 2001 Netanyahu habló a un grupo de colonos en Cisjordania en una reunión que fue filmada en secreto. Allí alardeó de que durante su anterior cargo de primer ministro, a fines de los años noventa, paralizó el plan de paz de esos días, los Acuerdos de Oslo, mediante lo que calificó de “truco”.

Hizo fracasar la creación de un Estado palestino al aceptar retiradas limitadas de tierra palestina mientras insistía en la retención de áreas más significativas, especialmente el Valle del Jordán, al clasificarlas como “sitio militar especificado”.

Netanyahu dijo a los colonos: “EE.UU. es algo que puede ser movido fácilmente. Movido en la dirección correcta.” Ahora esas palabras parecen proféticas.

Al rechazar el plan de EE.UU., Abbas parece tener el respaldo de su pueblo. Un sondeo publicado esta semana muestra que solo un 19% cree que las conversaciones llevarían a un acuerdo.

Por lo tanto, en vista del conflicto esencial entre los requerimientos de “seguridad” de Israel y la demanda palestina de reconocimiento como Estado, ¿cómo se propone proceder Kerry?

Eso también se está aclarando. La tarea de hacer que Israel y los palestinos colaboren está siendo subcontratada a la Unión Europea. Eso tiene sentido porque, como el principal subvencionador de la ocupación, los europeos tienen una importante influencia financiera en ambas partes.

Durante este mes la UE blandió su garrote. Advirtió que dejaría de financiar la Autoridad Palestina de Abbas si no se llegaba a un acuerdo al terminar las conversaciones.

Aunque es generalmente considerada como una amenaza dirigida contra Abbas, cuya base de poder político depende de que el dinero de la UE pague a decenas de miles de trabajadores de la AP cada mes, también iba dirigida a Netanyahu. Si se terminara la AP, los inmensos costes de administrar la ocupación volverían a recaer en Israel.

Los 28 Estados miembros europeos también han advertido a Israel que si continúa con la construcción de colonias en los próximos meses, la culparán oficialmente por el fracaso de las conversaciones.

El lunes, Europa sacó a relucir su zanahoria. Está ofreciendo a Israel y a los palestinos un importante paquete de ayuda y una mejora de las relaciones económicas con la UE, confiriéndoles un estatus de “cooperación privilegiada especial”. Se dice que esto resultaría en inmensos beneficios comerciales y de seguridad para cada parte.

Sin embargo, por vigorosa que sea la presión de la UE, la realidad es que la dirigencia palestina está siendo engatusada para que acepte un acuerdo que destruiría toda esperanza de un Estado palestino viable.

Se dice que Abbas ha considerado que el plan estadounidense es “peor que malo”. Su acuerdo con él sería peor que desastroso.

Autor: Jonathan Cook para CounterPunch / Traducido para Rebelióbn por Germán Leyens

Jonathan Cook es un periodista galardonado residente en Nazaret, Israel, desde 2001. Es autor de tres libros sobre el conflicto israelí-palestino: Blood and Religion: The Unmasking of the Jewish State (2006); Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East (2008) y Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair (2008) Su nuevo sitio en la web es www.jonathan-cook.net.

Una versión de este artículo apareció primero en The National, Abu Dhabi.

Aquest article ha estat publicat al web oicpalestin.org

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